Jordi Siré
Los
trabajos para sacar del lecho del río Ebro miles de toneladas de residuos
tóxicos y radiactivos vertidos por la empresa Erkimia desde su creación
por capital alemán a principios del siglo pasado deberían haber
comenzado el pasado verano. Pero en Flix (Tarragona) no ha aparecido nadie todavía.
A preguntas del alcalde y senador de Esquerra Republicana de Catalunya, Pere
Muñoz, la ministra de Medio Ambiente, Elena Espinosa, ha prometido una
inversión de 185 millones de euros para limpiar la bomba ecológica
más importante de España. Pero ahora mismo no hay fecha, ya que
antes se deben construir 12 pozos en Tortosa, que han de garantizar el suministro
a la capital de la futura veguería de las Terres de l'Ebre y a los municipios
adscritos al Consorcio de Aguas de Tarragona (CAT) en el caso de que cualquier
error en la extracción de los residuos se traduzca en una contaminación
del río hasta su desembocadura.
Sus prolegómenos fracasaron
en noviembre a causa de la movilización de los propietarios de las tierras
que debían ser expropiadas, apoyados por el sindicato agrario Unió
de Pagesos y por la Plataforma en Defensa del Ebro.
"Indefensión"
Pararon
el primer golpe alegando "indefensión", porque los afectados
no habían podido consultar el proyecto en los plazos que marca la ley,
según el portavoz de la plataforma, Manolo Tomàs, para quien los
pozos "no tienen nada que ver con la descontaminación de Flix, sino
que encierran la voluntad de proporcionar al CAT los dos metros cúbicos
por segundo que necesita para hacer frente a la demanda". "Estamos a
favor de descontaminar Flix, pero nos oponemos a los pozos porque creemos que
son una maniobra de distracción. Tan sólo garantizarían agua
potable durante tres días en caso de desastre", puntualiza.
El
proyecto suscita otras dudas. La construcción de los pozos no es óbice
para empezar las obras de ingeniería que han de preceder a la extracción
de los sedimentos. Sin embargo, nada se ha hecho hasta ahora. Fuentes cercanas
al Gobierno de la Generalitat apuntan que el Estado dejó pasar el año
porque confiaba en financiar las obras con alguna subvención de Bruselas
que no llegó. Y algunos ecologistas están convencidos de que, desde
el Ministerio, se subestimaron las dificultades técnicas de una obra de
estas características, que exige levantar una cinta corredera de seis kilómetros
entre el embalse contaminado y su planta de tratamiento, por un terreno bastante
complicado".
El comité de expertos congregado en su día
para buscar la mejor solución escogió la de extraer los sedimentos
del lecho del río antes de enterrar los vertidos bajo una capa de hormigón,
la alternativa más barata. Ahora quizá habrá que replantearse
el plan.