Pilar
Encuentra FCC Construcción y FCC Ámbito han comenzado el
estudio y la preparación del terreno para retirar las 300.000 toneladas
de residuos tóxicos vertidos por Erkimia en el pantano de Flix (Ribera
d'Ebre) a lo largo de un siglo. Se trata de una obra gestionada por la Confederación
Hidrográfica del Ebro que se desarrollará en tres fases, la primera
de las cuales arrancará en septiembre. Es una actuación pionera
en el mundo y muy delicada, según Acuamed, organismo dependiente del Ministerio
de Medio Ambiente. La complejidad de los trabajos radica en el riesgo de que
la masa de residuos -"tremendamente peligrosos", según el propio
Ministerio de Medio Ambiente- que están amontonados en una masa apelmazada
e inmóvil en el pantano de Flix se mueva y se desplace río abajo,
lo que supondría un desastre ecológico. Para evitar este riesgo,
los técnicos han extremado las precauciones y han primado la seguridad
sobre la urgencia, según explicó una portavoz de Acuamed. El
plazo previsto para la ejecución de los trabajos es de 42 meses y el presupuesto
asciende a 162 millones de euros. El coste correrá a cargo del Ministerio
de Medio Ambiente. Erkimia ha sido condenada a pagar el 10% de la factura, pero
la decisión judicial está recurrida. Algunos de los productos
vertidos por la empresa, que se instaló en Flix hace más de un siglo,
pertenecen a la llamada "docena sucia", una lista de 12 sustancias que
se deben eliminar, esgún establece el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes
Orgánicos Persistentes. Los principales contaminantes encontrados en el
Ebro desde Flix hasta a la desembocadura pertenecen a tres grupos: los radionucleidos
(contaminación radiactiva), metales pesados (mercurio, cromo, níquel,
cadmio, cobre, arsénico y zinc) y compuestos organoclorados. Aunque
todos ellos tienen graves efectos sobre la salud y el medio ambiente, los lodos
de Flix no han llegado a afectar a la salud de las personas, explica el profesor
Joan Grimalt, director del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios
del Agua, del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y
miembro de una comisión técnica que controla los efectos de los
residuos mediante análisis sucesivos. Aunque los lodos han formado una
masa sólida que los mantiene estables, cuando se producen riadas y el río
lleva un caudal superior a 900 metros por segundo, la fuerza del agua los ablanda,
arranca y arrastra partículas río abajo, explica Grimalt. No obstante,
asegura que estas partículas no llegan a disolverse en el agua y, por tanto,
no la contaminan, pero sí envenenan a los peces y los sedimentos del río
que acaban depositándose en el delta. Grimalt sostiene que la retirada
de los residuos es urgente porque aunque hasta ahora se han mantenido estables,
una gran riada podría "llevárselo todo abajo" lo que provocaría
"un desastre ecológico". Julio Barea, responsable de contaminación
de Greenpeace, que lleva décadas denunciando a Erkimia y exigiendo su cierre,
expresa su gran confianza en la credibilidad de Grimalt y manifiesta que suscribe
cualquier diagnóstico del profesor del CSIC. Retirar en lugar de
confinar La primera de las tres fases de la obras de descontaminación
del pantano de de Flix durará unos 14 meses y consistirá en levantar
un muro de planchas de acero que se clavarán en el fondo del agua para
cercar los residuos y evitar su dispersión. A continuación, se instalará
una cinta transportadora para trasladar los residuos a una planta especial donde
se descontaminarán antes de llevarlos al vertedero construido expresamente. La
segunda fase corresponde a la retirada de los lodos y está previsto que
se prolongue 20 meses. La tercera y última fase consistirá en el
desmantelamiento de toda la instalación y se calcula que durará
de cuatro a seis meses. Aunque es una obra complicada, Medio Ambiente apostó
por retirar los residuos en lugar de confinarlos en un cajón de hormigón
como se había previsto en un principio, porque esta solución hubiera
supuesto reducir casi a la mitad el cauce del Ebro. La Electroquímica
Flix, antecesora de Ercros y de Erkimia, inició su actividad en 1897. La
planta es una de las más antiguas de España y ha sido sancionada
en varias ocasiones por daños al medio ambiente. Comenzó con la
fabricación de sosa cáustica. Entre las 300.000 toneladas de residuos
tóxicos acumulados a lo largo de un siglo en el río hay 70 toneladas
de metales pesados, sobre todo mercurio (entre 10 y 18 toneladas), cromo y níquel.
En 1959 comenzó a fabricar policlorobifenilo (PCB) y continuó haciéndolo
hasta que en 1983 se prohibió la producción de este compuesto en
el España. |